PASEO EN EL BOSQUE
Y
en lo que discutíamos sobre los contrarios (lo bueno, lo malo, lo infinito, lo
finito) a lo largo de la orilla del río al que solíamos ir, levantamos la
mirada al cielo para admirar la grandiosidad de la naturaleza frente a nuestra
existencia. Rodeados de frondosos y legendarios ocotales, de sus altísimos y
regios troncos, uno pegado al otro, nos colmábamos de vida. La tarde fue
cayendo, el escaso sol filtrado entre los árboles prolongo las sombras,
multiplico el camino. Camino que reflejado en el agua se volvió delirante
espejo, caleidoscopio enrarecido. Refracción de colores y de sonidos: hojas
trémulas, llanto de grillos, insectos y pájaros cortando el viento. El aire trenzaba una cortina de luz sobre
nuestras cabezas. Así, lo que solíamos reconocer sufrió una transformación que
nos fue quitando el aire, el aliento, la vida. Fríos y sofocados nos tendimos
al filo del río. Vimos la muerte desprenderse del agua y suspenderse a lo largo
de su humeante camino. Al acercarse a nosotros, con pereza asió nuestras almas
a un hilo.
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